CELEBRACIÓN JUBILAR 2019

Homilía de Raymond Desrochers, p.m.é.
Laval, viernes, 21 de junio de 2019


II Co 11, 18.21b-30
Mateo 6:19-23


Qué rica experiencia tenemos, nosotros, los homenajeados y ustedes, aunque no estén en la lista de los homenajeados de este año.
 
Para ilustrar, pinto un cuadro a trazos de paleta, aquí y allá, con los diferentes colores recogidos entre los homenajeados a quienes pedí sugerencias para esta homilía; los testimonios recibidos se agrupan en torno al reconocimiento, lo que nos ha sostenido, las dificultades y la continuidad.
 
Reconocimiento. Acción de Gracias. Gratitud a Dios. Por la llamada que recibimos.
 
Por nuestras familias y amigos que nos han apoyado en muchos sentidos.
 
Por nuestra experiencia compuesta del hacer, nuestra experiencia del ser, con nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestro espíritu, con todo lo que somos.
 
“Acción de Gracias por las maravillas hechas en mí y por mí.”
 
“Soy afortunado, he tenido hermosos encuentros, y sigo teniendo el privilegio de haber vivido con los pobres y desfavorecidos, los enfermos, los ancianos y los discapacitados.”
 
“Soy previlegiado al poder ser testigo de personas, de comunidades que se levantan, de personas con las que, y para las que he trabajado, muy dispuestas y generosas a caminar aún más, incluso en medio de desafíos y dificultades”, “testigo de personas que se liberan de su prisión interior, que luchan por un mundo en el que todos y todas tienen su lugar, de personas que ya no ven ningún problema en sus vidas y cuyos corazones se abren a nuevos caminos”.
 
Tenemos el privilegio de haber podido vivir en otras culturas, tradiciones, religiones, de haber sido testigos de la belleza, de la grandeza y de haber aprendido mucho de ellos.
 
 “Sostenidos por la unión y la solidaridad que nos juntó, pastores y laicos, los líderes vislumbraron y formaron”. “Estoy feliz de haber podido trabajar con los jóvenes sacerdotes del país.”
 
“La presencia de los cristianos, su fe y dedicación al trabajo pastoral fue un estímulo y una buena motivación para hacer lo mismo”.
 
“Privilegio de haber sido acogidos por los países, por las personas a la que fuimos y encontramos, y que nos permitieron estar en su tierra, su tierra sagrada.”
 
Privilegiados de haber podido lanzarnos a espacios y ambientes poco o nada tocados por el anuncio del Evangelio, como las artes, la radio, el trabajo manual, los jardines de infancia y las escuelas, el escultismo, etc. Las periferias, los ambientes alejados de la Iglesia o los ambientes de los que la Iglesia está alejada.
 
“Lo que me ha sostenido, evidentemente, es la fe en Cristo y la belleza del mensaje a vivir y enseñar. Y también la alegría de descubrir que Dios ya estaba presente en la vida de las personas, mucho antes de nuestra llegada”, “es la fe en el Padre que me dice que soy su Hijo amado, la fe en Cristo ‘el Señor es mi pastor’, la fe en Cristo que me acompaña en mi camino tal como a los discípulos de Emaús”.
 
“Lo que me ha sostenido es la presencia de las SMÉ, presente en la caridad de los hermanos, la SMÉ presente en la responsabilidad de responder a las necesidades materiales que precisa la vida cotidiana”, “son los hermanos y hermanas de los servicios generales, todos y todas los que colaboran y participan de la vida de la sociedad”, “es vivir la comunión con mis compañeros sacerdotes y laicos asociados”, “es haber podido trabajar junto a otros cohermanos”, “el testimonio fiel y la dedicación perseverante de muchos hermanos”.  (1)


“La vida espiritual fue un elemento importante a lo largo de estos años. La palabra de Dios y la oración, la liturgia de las horas, eran los guías en el camino de la vida. Estos medios alimentan la confianza en Dios y la fe en la vida de todos los días”. “Una oración gozosa y fiel que nos ayuda a encontrar lo que el Señor espera de nosotros”.
 
Hemos intentado a través de nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestro espíritu y toda nuestra actitud, de estar presentes en la vida de las personas, de ser solidarios, de ser testigos vivos del Evangelio, de ser seres de luz interior, como se menciona en el Evangelio de hoy, de ser reflejo de respeto, la compasión, la empatía, el amor, la entrega de si mismo, actitudes que pueden convertirse en buenas noticias para aquellos que encontramos.
 
“Estábamos con los pobres, acompañándolos en los desafíos de organizar sus pequeñas comunidades.... ¡Los vimos crecer frente a nuestros ojos!”
 
Hemos tratado de sembrar, incluso sin saber muy a menudo qué es lo que va a crecer. Sin embargo, hemos recogido algunos frutos y nos hemos beneficiado del trabajo de nuestros predecesores.
 
“Soy consciente de que el trabajo realizado es una gota en el océano, pero vale la pena si otros pueden vivir mejor”. “Intenté florecer donde me plantaron”.
 
 “Trato de ser una presencia de esperanza en medio del sufrimiento de nuestro mundo”.
 
Hemos vivido nuestra misión, repitiendo las palabras de Pablo, como quien lleva un tesoro en vasijas de barro, seres con una espina que nos hace sufrir y que nos impide enorgullecernos.
 
Pablo nos dice en la primera lectura de hoy que él ha experimentado todo tipo de dificultades, nosotros también las hemos experimentado y las seguimos experimentando, dificultades que vienen de nosotros mismos, dificultades que vienen de otros lugares. Por ejemplo:
 
 “Un período de crisis donde la operación de los militares amenazó nuestra libertad de acción y nos obligó a revisar constantemente nuestras motivaciones, sobre la base de nuestra acción”.
 
“Un período en el movimiento social cristiano, donde sus líderes laicos querían instrumentalizar las fuerzas comprometidas en la actividad estrictamente política”.
 
Conflictos internos muy dolorosos, en la SMÉ, en las diócesis, los conflictos con los gobiernos.
 
Incomprensiones por ser un poco profético, adelantado a su tiempo.
 
Continuamos con la certeza de que Dios nos ama tal como somos, nuestro ser, con nuestro pasado, nuestra riqueza, nuestras enfermedades, nuestras debilidades, nuestras sombras, nuestras heridas, nuestros límites, nuestras debilidades.
 
Continuamos buscando lo que el Señor espera de nosotros, abiertos a nuevas posibilidades, a nuevos caminos que el Espíritu nos indique y nos manifestará de nuevo.
 
Un rico comerciante poseía un diamante de gran valor pero sobre el que había un graffiti. Después de consultar sin éxito a muchos artesanos, alguien le recomendó un simple artesano quien dijo estar dispuesto a hacer todo lo mejor posible. Este volvió con una hermosa rosa grabada en el diamante. Había usado el graffiti como tallo para la rosa.
 
“Tratamos de vivir la Misión en Comunión con nuestros compañeros sacerdotes y laicos asociados, con las Iglesias locales, con los hermanos y hermanas de la humanidad, pueblo de Dios en marcha”.
 
Seguimos con esperanza, confiados en que el Señor puede todos los días servirse de nosotros para su Reino, confiados en que el Espíritu está obrando aunque no sepamos demasiado de dónde o hacia dónde sopla.
 
 “Nuestra misión es como tener una hermosa canción que amamos, que cantamos a todo pulmón, quizás algunas personas les guste también, y una vez mas tal vez, preguntarán quién es el autor”.
 
Gracias.                              

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