La misión, donde la vida llama

Service d'Animation Missionnaire

El 11 de febrero 2026, en Digos, al sur de Filipinas, ocurrió algo sencillo pero profundamente significativo. El gimnasio de la parroquia San Isidro Labrador ya no era solo un lugar de deporte o de reuniones. Por un día, se transformó en un espacio de vida. Un espacio de cuidado. Un espacio de misión.


Desde muy temprano, comenzaron a llegar familias, a veces después de trayectos difíciles. Algunas llevaban a sus hijos de la mano. Otras cargaban en silencio el peso de una preocupación, de una enfermedad, de la falta de acceso a servicios de salud.


Ese día, la parroquia abrió sus puertas para una misión médica, organizada con el apoyo de la Iglesia local y de numerosos aliados comprometidos. Junto a los agentes pastorales, médicos de la Davao del Sur Medical Society y de la Philippine Medical Association ofrecieron su experiencia con gran generosidad. Señoras del grupo Daughters of Mary Immaculate’s International estuvieron presentes para acoger, orientar y acompañar.


La Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec, representada por Ana Maria Jara, misionera laica asociada en Filipinas, se unió a este impulso de solidaridad y pudo colaborar en esta obra concreta de compasión. Gracias a esta movilización, entre 150 y 200 personas pudieron recibir gratuitamente atención esencial: medicina interna, pediatría, obstetricia, optometría, apoyo en salud mental, acompañamiento a mujeres embarazadas y medicamentos.


Pero más allá de las consultas, lo que se ofreció sobre todo fue una presencia humana. Ese día llegó una joven familia, profundamente afectada por un diagnóstico de salud mental que tocaba a uno de sus miembros. No sabían cómo seguir adelante. Tenían miedo. Estaban agotados. Se fueron con orientación, escucha y, sobre todo, con esta certeza: no están solos. El acompañamiento continuará en la St. Benedict Psychiatric Clinic, donde el hermano Bernard Pasacas, O.S.B., benedictino de Digos, sirve con paciencia y entrega, junto a voluntarios comprometidos.


Dem Ordaneza, una joven voluntaria del grupo parroquial, resumió lo esencial: «Esta misión médica fue profundamente significativa. Ver a tantas personas recibir la ayuda que necesitaban me llenó de alegría. Ni siquiera sentí el cansancio. Estoy deseando que llegue la próxima misión.»


Esta es la misión: un gesto, un encuentro, una comunidad al servicio, y una esperanza que se comparte. Dos veces al año, el 11 de febrero y durante la fiesta patronal en mayo, esta misión regresa, recordándonos algo esencial: la compasión puede hacerse carne, aquí y ahora.


Porque la misión muchas veces comienza así: con una puerta abierta… y una mano tendida.