![]() | Érica Jiménez Hondureña - Misionera laica de la SME
En 2010, fue aceptada como asociada de la SME y fue nombrada para Perú.
“Cristo, entre rejas”
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No es nuevo, para algunos, hablar de los centros de rehabilitación si se le puede decir así, donde se encuentran hombres y mujeres privados de libertad por haber cometido un delito.
Quiero expresar desde mi sentir, que jamás había pensado entrar a una cárcel, por ser víctima de diferentes asaltos en mi país, Honduras.
Durante mi etapa de inserción he conocido varios proyectos, pero el que me ha tocado, es la pastoral carcelaria aquí en Pucallpa, Perú.
¿Por qué? Empecé a conocer el trabajo que realiza el padre Gerardo, preparando las misas y charlas de formación integral de valores para los hombres y mujeres que se encuentran entre rejas. Es realmente impresionante ver y escuchar lo que en el penal se palpa.
Dicen: “aquí está mi esposa…, también están dos de mis hermanos…, le presento a mi prima…, mi hijo…, mi esposo está aquí”. Escuchar estas frases de los internos, me causa una impresión fatal…no solo él o ella está, sino también otros de su familia (2 ó 3).
Pero a las familias que visito fuera del penal, mis vecinos, personas con quienes converso en el mercado y en la iglesia, les cuento sobre las visitas al penal; algunas también me dicen: “mi esposo estuvo en la cárcel…, mi nuera está en la cárcel…, mi ahijado está preso…, tengo un sobrino y no lo visito…, mi tía esta allí pero trabajo y no le puedo ir a ver…
En las celebraciones familiares dentro del penal, los familiares no llegan a compartir y los presos se sienten marginados, o rechazados y esto les afecta aun más. Se sienten sin un sentido en sus vidas. Ellos necesitan de palabras de vida, de una visita. Yo creo, estoy segura que más que palabras ellos consideran nuestra presencia como lo más importante. Me pregunto: ¿Por qué esta “Cristo entre rejas”?
Algunos que, con sus lágrimas en los ojos, me dicen "no quiero estar aquí", "no puedo más", "quiero salir". Otros ríen, pero atrás de esa sonrisa, también, expresan "no pierdo la esperanza". Otros callan, y otros están serenos, como diciendo "sé porque estoy aquí, ya es la tercera vez".
También veo tantos talentos: poetas, cantantes, en trabajar la madera, agricultores, especialistas en hacer trabajos con material de reciclaje, mujeres emprendedoras que cosen…
Aquí estoy interpelándome y pidiéndole al Señor que, en cada visita, ponga las palabras justas para animar y transmitir el amor de Dios, de un Dios que nos ama a todos por igual; y con esa certeza es que voy a cada encuentro con mi hermano, “Mi Cristo entre rejas”.
La peor prisión es un corazón cerrado. - Juan Pablo II
Érica Jiménez