| Erlín pérezes estudiante en tercer año de teología en nairobi (Kenya)
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“Zapatitos para Navidad”, es el título de una canción muy escuchada en El Salvador para el tiempo de Navidad. Cuenta la historia de un niño que pide a Santa Claus que le traiga unos zapatos nuevos, porque los que él tiene, ya están rotos.
Un Domingo en la misa de las 8:30, en la Parroquia “La Guadalupe”, me encontraba sentado escuchando el sermón dominical. De repente, algo robó mi atención; miré hacia abajo y vi que alguien estaba usando unos zapatos completamente destrozados, la planta del zapato estaba totalmente rota. Quise ver quién era el dueño de los Zapatitos rotos, y me di cuenta que era un adolescente, sentado delante de mí. Lo que más llamó mi atención fue que en momento de la ofrenda, el joven se levantó y dio todo lo que tenía. Una pregunta vino a mi mente: ¿Por qué no guardó ese dinero que dio en la ofrenda y lo usa para comprarse unos zapatos nuevos?
En el evangelio de Marcos 12:42-44 leemos: “Pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros, pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos”.
Claro que aquel adolescente no era la Viuda, pero es el Evangelio mismo encarnado en él: Dio todo lo que tenía, dio más que los demás, porque dio completamente todo. Esto muchas veces nos perturba; mucho me perturba a mí. ¿Y a ustedes? ¿Por qué me perturba? Pues porque me hace reflexionar acerca de mi vida, y si lo estoy dando todo. Todo mi ser, todo lo que soy, al servicio del Reino de Dios. En esos momentos Dios me llama como su discípulo: Mira, este adolescente, este niño, lo ha dado todo, más que los demás. Él bien pudo guardar su ofrenda para él, porque él lo necesita más, pero la dio, dio todo, dio todo su ser, como ofrenda.