
Carlos Darío Mejía Zelada cadameze@hotmail.com
9 de Julio de 2010
En esta oportunidad les escribo desde mi nuevo hogar,
Kenya, para compartir con ustedes mis primeras experiencias. En medio de mis compañeros me siento "Karibu", que en la lengua Suagili significa bienvenido. Ellos me han acogido muy bien, y cada día estoy aprendiendo muchas cosas de ellos y de la cultura del pueblo de Kenya.
Kenya tiene un clima agradable. Tenemos días soleados y nublados, ambos son muy bonitos. Por las noches y en la madrugada hace frío; a veces la temperatura alcanza los 14 C, pero es agradable. El agua en este país es un recurso sagrado; nosotros la economizamos al máximo. Ya se podrán imaginar con qué cuidado uno toma la ducha y lava la ropa. ¡Es una actividad sagrada!
La gente en Nairobi y en las comunidades aledañas es amigable. A los extranjeros nos llaman "Muzungos". La gente siempre regala sonrisas sinceras cuando le dicen a uno "Karibu to Kenya!". He visitado con mis compañeros diferentes comunidades, incluyendo el centro de la capital de Nairobi. Esta mañana estuve en una comunidad llamada Kibera. Los niños y las niñas cuando nos ven caminando por las calles nos llaman "muzungos, muzungos" y otros muy amigables nos salen al encuentro con sus manitas extendidas para saludarnos y sonriendo nos dicen: "Ja gua yû?" e inmediatamente te dan la manita para saludarte, no puedo explicar con palabras lo que se vive cuando te miran a los ojos y te sonríen... Se me viene al corazón aquel Muchachito Dios con nosotros nacido allá en Belén de Judea... ¿Quién me extiende su manita para saludarme y decirme ¿Ja gua yú, Darío?
Kenya tiene una población de 40 834 800 habitantes y es un país de grandes contrastes sociales. La brecha entre pobres y ricos es grandísima. Afloran las injusticias sociales por doquier. La corrupción está a la orden del día también en todas partes. Los funcionarios del gobierno ganan miles de dólares. La gente, la gran mayoría, vive solo con menos de un dólar al día, y otros muchos, sin nada. El sueldo mínimo en Nairobi es de cincuenta centavos de dólar. Ya se podrán imaginar cuanta pobreza.
Dicen mis compañeros que mucha gente piensa que todos los extranjeros tienen dinero. Mis compañeros me cuentan que si te subes a los microbusitos del transporte público, en Nairobi, te dejan sin nada en los bolsillos. Así que uno tiene que viajar bien conciente en los microbuses y caminar de la misma manera por las calles y evitar a toda costa caminar solo por los lugares con fama de peligrosos. Me cuenta uno de mis compañeros que, el otro día, asaltaron a un misionero Comboniano y le quebraron et brazo con un garrote. Estuvo varios días en et hospital; gracias a Dios, no pasó a más. A mis compañeros, gracias a Dios, no les ha pasado nada. Pero siempre se debe estar alerta en todo momento.
Mis compañeros están trabajando en diferentes proyectos o apostolados. Uno de ellos trabaja con una organización que apoya a personas con VIH-SIDA. Otro está colaborando en un proyecto con los jóvenes que trabajan en un mercado. Al mismo tiempo, colabora con los jóvenes de una Comunidad Parroquial en Nairobi. Otro compañero trabaja en un proyecto de apoyo a una comunidad de jóvenes musulmanes, a quienes se les apoya en un programa de siembra de frutas y verduras. Yo he tenido la oportunidad de visitar estos lugares de encuentro con la gente, donde mis compañeros trabajan y han sido experiencias muy buenas para empezar a aprender de la gente, para empezar a conocer esta cultura y así, luego, integrarme a uno de estos apostolados y colaborar también con mis compañeros.
Hay mucho que contar; si les cuento todo, no termino de escribir este correo. Pero poco a poco, trataré de compartir con ustedes la experiencia de Encuentro con este sorprendente pueblo, al que se le crucifica día a día de muchas formas, pero donde uno puede encontrar a Dios presente en cada Keniano, mirándote a través de sus ojos, sonriéndote, escuchándolo cuando nos dicen Karibu, bienvenido. Es el mismo Cristo quien nos acompaña de cerca, quien nos indica el camino a construir, quien nos invita a través de muchas formas a encontrarnos con Él. Él está realmente presente en cada Keniano y, en estos días que he andado por allí, me sale al encuentro con su sonrisa inigualable y me dice al corazón... ¿Ja qua yú, Darío? Yo le digo siempre: I'm fine, and you? y le recibo su manita y allí va naciendo algo entre los dos que es difícil de explicar con palabras, pero que marca profundamente la vida.
En el amor de Cristo Africano,