![]() | ORDENACIÓN PRESBITERALdeSANTOS TEODORO BAQUEDANO SIERRA
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| Homilía de Mons. Guido PLANTE, p.m.é. |
Entrega radical
En medio de tantos escándalos en nuestro país ¡qué bueno participar en la ordenación sacerdotal de un hijo de Pespire! Como los oyentes de Jesús en la sinagoga de Nazaret, nos sentimos maravillados y nos preguntamos cómo et Señor puede llamar al hijo de José y María, o sea a un joven como Teodoro conocido como comerciante de queso y mantequilla, contador público, músico, asistente en "El Arca" de Jean Vanier. Es oportuno que repitas lo que Jesús dijo en la sinagoga: "El Espíritu del Señor está sobre mi, me ha ungido y enviado a llevar la Buena Noticia a los pobres y necesitados de toda clase". La respuesta es atrevida porque la llamada es atrevida, como lo constatamos en las lecturas que hemos escuchado.
Más allá de nuestras fronteras
Al responder positivamente, como Jeremías, al llamado de Dios, para ser "profeta de las naciones", nos invitas, Teodoro a dar pasos decisivos para reforzar la dimensión misionera de nuestra Iglesia del Sur.
Durante mucho tiempo salían para las misiones lejanas, los sacerdotes, las religiosas o los laicos que sobraban en su país natal. Era una misión de migajas, es decir de los sobrantes de la mesa. Además en la casi totalidad de los casos, los misioneros y misioneras viajaban del Norte al Sur, y viajaban con los bolsillos, las maletas y hasta furgones llenos de la generosidad de los feligreses del Norte. Por eso nos hemos acostumbrado a recibir, hasta pensar que no teníamos nada que dar, salvo dejar unas fichas en el sobre del DOMUND.
Pero los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla en 1979, provocaron un tsunami de nuestras teorías misioneras, nos sacaron de esta dilección a sentido único. Nos exhortaron a "dar desde nuestra pobreza" (N. 368).
Y 20 años más tarde, et Papa Juan Pablo II daba un poderoso respaldo a esta orientación, cuando afirmaba que "Las Iglesias particulares de América están llamadas a extender su impulso evangelizador más allá de sus fronteras continentales ("Ecclesia in America", 74).
Sin duda, más de una persona quisiera guardar a Teodoro en Honduras, en nuestra diócesis más específicamente, porque et número de los misioneros canadienses está disminuyendo. Reconocemos que vivimos otra etapa de la misión, la de la transmisión y tratamos de hacerlo con et espíritu de Juan et Bautista respecto a Jesús: "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya" (Jn 3, 30). Disminuimos los Averíanos, pero crece et clero hondureño y crece en una Iglesia que está pasando lenta pero firmemente de una Iglesia misionada a una Iglesia misionera: lo demuestra esta Ordenación sacerdotal de Teodoro, et primer Padre Javeriano hondureño.
Pero sería un mal cálculo frenar et envío de misioneros al exterior, porque la misión más allá de las fronteras de nuestros países es un respaldo vigoroso a la nueva evangelización necesaria en muchas regiones.
En Aparecida, et episcopado latinoamericano hizo un gesto profético: nos convocó a una misión Continental, es decir, en et Continente y desde et Continente. Afirma que et mundo espera de nuestra Iglesia de América latina y del Caribe, "un compromiso más significativo con la misión universal en todos los Continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, añadieron, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir "a la otra orilla", aquella en la que Cristo no es aún conocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente" (N. 376).
La misma identidad del sacerdocio reclama la misión universal porque et ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada a los apóstoles, dijo et Concilio Vaticano II (Cf. PO 10).
Por tu parte Teodoro, tuviste la suerte de crecer en Pespire, una parroquia misionera. Muchos recuerdan a Monseñor Turcios, que nació en esta parroquia. El mismo llegó tarde al camino sacerdotal. Es él que invitó a los Padres Averíanos a colaborar en Honduras. Los misioneros Averíanos comentaban su celo incansable, su cercanía con et pueblo, su ministerio encarnado en la situación socio-económica del momento, su preocupación por las vocaciones sacerdotales y religiosas y su voz profética contra los que abusaban de la gente sencilla, lo que contribuyó, quizás, a su exilio.
Me comunicabas también la influencia de los Padres Averíanos que han trabajado y sudado en esta parroquia: mencionabas al Padre Andrés Dumas, al Padre Leonidas Lachance y me comentabas la fuerte impresión que te dejé et Padre Iván Bouffard, econocido como eximio promotor vocacional. Hoy Dios lo llama a ser misionero de otra manera, no menos fructífera a los ojos de la fe. El Padre Iván manifesté una predilección especial para con los jóvenes y lo hacia con un talento excepcional.
Querido Teodoro. A partir de hoy no solamente vivirás la eucaristía: como sacerdote la presidirás en nombre de Dios. ¡Que esta nueva modalidad sea para ti, un compromiso para servir mejor y lavar los pies de los más explotados y olvidados de nuestra sociedad!
¡Que sea también una ocasión de ofrecerte constantemente a Dios, en et espíritu de la bella oración de Carlos de Foucauld: "Padre me pongo en tus manos, haz de mi lo que quieras"! Pero ahora, cuando realizas la consagración eucarística, es Dios mismo que se pone en tus manos, et mismo Dios renueva su entrega por ti: es como si te dijera humildemente: "Teodoro, me pongo en tus manos...", estas manos que acaban de ser ungidas con et santo crisma.
Teodoro, et paso que acabas de dar, como sacerdote misionero, acentúa et rumbo de la misión en nuestra Iglesia del Sur, que quiere pasar firmemente de una Iglesia misionada a una Iglesia misionera.
Dios que comenzó en ti esta obra buena, la lleve a feliz término... en Brasil!
+ Guido Plante,
Obispo de Choluteca