
Agradezco la invitación que me hizo la red de CDN "Comités de Defensa de la Naturaleza", organismo establecido por la Pastoral social/CARITAS. Estoy aquí porque mi pueblo sufre; el obispo, como el Buen Samaritano del Evangelio, no puede quedarse pasivo ante las personas que buscan una solución a sus problemas y no logran ser escuchadas: sienten más bien que las autoridades no prestan atención a lo que viven. A esta gente quiero manifestarles mi cercanía. No tengo competencia para entrar en debates técnicos o científicos. Sin embargo, hay evidencias, como la del río San Juan, que no necesitan complicados análisis.
¿Cómo vamos a dejarnos engañar por las promesas de un eventual bienestar de la minería, cuando somos testigos, en nuestro país, de las enfermedades que produce la explotación descontrolada? No queremos que el Sur se convierta en un nuevo valle de Siria.
¿Cómo vamos a creer que la minería enriquece y desarrolla una nación, cuando las compañías están dejando 1% de sus ganancias a las municipalidades, y sin decir cuanto reciben unos oscuros personajes?
Me permito llamar la atención a todos los agentes de pastoral que tienen años de luchar por el Bien común y pueden sentir el cansancio o, quizás, no creer mucho en la importancia de su intervención. Me animaría a decirles como Pedro y Juan, en el libro de los Hechos de los Apóstoles: "No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo: En nombre del Mesías Jesús, el Nazareno, camina". Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó" (3, 6). Si "lo levantó". Como cristianos aportamos lo más precioso, la fe en Dios y en nosotros mismos y el amor a la comunidad. Y qué mejor momento que el Tiempo Pascual para recordarlo. Sí, hermanos. El Señor salió del sepulcro y nos anima a salir como Él de tantos sepulcros: sepulcro de la corrupción, de la violencia, del miedo, del conformismo y del individualismo que nos paralizan, sepulcro de la indiferencia social o de la baja autoestima, sepulcro del pecado en definitiva.
¡Que nos oigan bien, por favor! La explotación inteligente de las minas puede ser fuente de ingresos que benefician a todos, especialmente a los más necesitados; pero la explotación minera se hace cruz pesada cuando enriquece a unos pocos funcionarios y deja una cantidad de personas enfermas. Eso si es un escándalo.
¡Que nos oigan bien, por favor! Entendemos que una empresa espere generar ganancias para sus socios: pero no debe ser a costa de la salud de los obreros y de los pobladores que se enferman a causa de la contaminación ambiental. Entendemos que la lógica del lucro debe ceder el paso al bienestar de las personas.
¡Que nos oigan bien, por favor! No solamente nuestra fe cristiana nos invita a la justicia social y al amor fraterno, sino también la Constitución de nuestra República que declara enfáticamente: "La persona es el fin supremo de la sociedad y del Estado. Todos tienen la obligación de respetarla y protegerla" (articulo 59). No hay mejor oportunidad de aplicar el llamado "humanismo cristiano".
¡Que nos oigan bien, por favor! Entendemos que las empresas tengan un apetito ilimitado para buscar ganancias, pero que le toca al gobierno moderar tal apetito y velar por una distribución equitativa de las ganancias. Son nuestros "servidores públicos" del Congreso nacional que tienen la última palabra, en definitiva, y si no defienden la justicia social, ¿quién va a hacerlo?
¡Que nos oigan bien, por favor! El estudio de estos temas no es fácil. Pero, es una amarga ilusión posponer constantemente la solución de un problema social. No conduce a nada, sino a empeorar la situación. Lo estamos experimentando en otros campos de nuestra actividad socio-política. ¡Mañana será demasiado tarde!
¡Que nos oigan bien, por favor! Tenemos derecho de reclamar una explotación racional y equitativa de las minas porque tenemos el deber de cuidar nuestra salud. Y tenemos el derecho y el deber de ser repetitivos si no nos hacen caso.
Honduras « is open for business... but not any kind of business! » Todo lo que se hizo en San Pedro Sula la semana pasada está bien y puede favorecernos pero no se puede hacer "business" atropellando el los derechos de las personas: eso no sería ni humanismo ni cristiano.
Choluteca, 11 de mayo del 2011.
+Guido Plante, Obispo de Choluteca.