Compartiendo con el Padre Yvon Bastarache p.m.e.
(Fallecido poco tiempo después) | ![]() |
Cuando leímos esta pequeña entrevista que dio el Padre Ivo para el Boletín Mar Adentro de la Diócesis de Matanzas de Mayo-Junio, sentimos que era necesario que todos nuestros misioneros la conociesen. De una forma tan sencilla, pero a la vez tan grandiosa, el Padre Ivo nos habla al corazón y nos reta a todos en cualquier camino que estemos a aprender a amar a no convertirnos en carcoma... También a ti querido amigo, sacerdote no te olvidaremos, siempre estarás con nosotros y damos gracias infinitas a Dios por haber tenido la dicha de conocerte, de aprender de ti "hermano", porque eso eres, Cuba se enorgullece de llamarte hijo. |
¿Cómo descubrió que el Señor lo llamaba a compartir su sacerdocio?
Desde los años de mi adolescencia soñaba ya con servir a Dios y a mi pueblo de pescadores, de vida pobre, humilde, hasta explotada al frente de una cooperativa de la pesca, o como sacerdote misionero en algún país del mundo. Tanto en una como en la otra vocación veía una llamada de Dios en mi joven vida de cristiano. Me imaginaba entonces que Dios me hablaba a partir de signos y realidades de la vida diaria. Elementos como' los siguientes: la grandeza y la belleza del Océano Atlántico (soy del Este de Canadá); segundo, la minoría de mi grupo étnico; (soy francés en una provincia inglesa); tercero, la pobreza y la sencillez de mi pueblo natal. Sin mucha resistencia me dejé guiar por Dios. Y hoy día llevo 48 años como sacerdote y casi iguales de años en Cuba. ¡Muchas bendiciones Dios me ha regalado! Le estoy sumamente agradecido.
Desde su experiencia personal, si tuviera que esbozar en pocas palabras lo que es un sacerdote, qué diría.
Como cualquier bautizado(a), el sacerdote tiene que ser un "enamorado" de Dios y a la vez del prójimo, de los demás. Una persona enamorada no lo puede ser sólo por un año, diez o veinte, ha de serlo por toda la vida. Amar es una decisión, una convicción, no es una emoción, un sentimiento o un pasatiempo: ¡Hoy sí, mañana no! Como cualquier persona bien enamorada, el sacerdote ha de cultivar el amor diariamente; no a partir de leyes, normas, obligaciones de fuera, estrictas o impuestas, más bien dejarse enamorar por el Espíritu Santo, día tras día. Al no ser así, el amor en el sacerdote, como en cualquier otra vocación, se vuelve rutinario, aburrido, administrativo, funcionalista y de él, nace una verdadera carcoma de la convivencia, con Dios y con los demás.
¿Qué ha significado para usted, todos estos años en Cuba?
Primero, me siento muy feliz de estar aquí, por los años vividos en Cuba. ¡De niñito no sabía cosa alguna de Cuba! A la edad de 26 años, llegué a nuestro hermoso país del Caribe como canadiense nada más. Hoy día, me siento canadiense-cubano, o mejor dicho, cubano-canadiense. ¡Recibí mucho más de la "Perla de las Antillas" de lo que le pude dar! La sencillez y humildad de vida del pueblo cubano encontraron una gran reciprocidad en mí, sin vanagloriarme en nada. Juntos nos comprendimos, nos apreciamos, nos quisimos. Sé que tarde o temprano, tendré que dejar físicamente mi país de adopción; pero el "noviazgo" continuará bajo otros cielos, de otra manera. Los recuerdos de lo vivido con ustedes permanecerán. ¡No caben dudas!
¿Qué consejos le daría usted a los adolescentes y jóvenes que están meditando seriamente su Sí a Dios, a través del sacerdocio?
San Pablo, especialmente en su carta a los Gálatas, invitaba los miembros de la Iglesia naciente a sembrar en el Espíritu para edificar así el Reino de Dios en ellos y en su medio ambiente, para recoger una cosecha de vida eterna. ¡Hoy día, esta invitación del apóstol sigue vigente! Hemos de creer en los valores del Espíritu y ser sus valientes obreros donde vivamos y actuemos. En nuestro mundo actual se valoriza mucho los "valores" del cuerpo y menos los del Espíritu. Varios son los pueblos que transitan por ese camino, pero que a la vez reclaman, exigen la vida, la felicidad sin saber donde está ni como encontrarla.
Dios pide una respuesta de amor y generosidad a sus llamadas. De una manera especial, Dios invita a los hombres de cualquier edad, que se entreguen totalmente al sacerdocio ministerial para servir al Reino como consagrados. A lo largo de los siglos miles de hombres lo han hecho. ¡El Espíritu Santo les ha acompañado siempre! Y tú, ¿por qué no? Vale la pena. El lema de San Pablo es de todos los tiempos: "Con Dios, todo, sin Dios, nada"