Cambodia | Pour la vie des peuples

Saludos de un Peregrino en Camboya...

          

Miguel Ángel Granados, de Costa Rica,

 

misionero laico asociado a la SME,

 

es nombrado por seis años a la Región de Asia, en el Grupo local de Cambodia.


Releer mi propia historia personal en pasajes como este
 

Quiero compartir con ustedes un pensamiento que se deriva del Santo Evangelio que compartimos en este tercer domingo de Pascua (8 de mayo) donde revivimos la escena de los peregrinos de Emaús. 

Es un pasaje por demás conocido, reflexionado pero siempre nuevo y actual, porque nuestra vida se transforma día a día y la palabra de Dios se ajusta a cada momento de nuestra existencia, regalándonos luz, cual guía en el oscuro sendero de la incertidumbre y dificultad. 

Quiero hacer eco especialmente del momento cumbre de la escena, cuando los peregrinos reconocen al Maestro al partir el Pan, el Pan que le han ofrecido aquella noche.

Es muy bello, para mí, releer mi propia historia personal en pasajes como este. 

Recuerdo precisamente la compañía de aquel que me llamó y aquel ardor que sintiera en el corazón, cuando mi respuesta se hacía esperar. 

Es maravilloso ver como el tiempo del Señor, (que no es precisamente el mismo que yo manejo en mi diario caminar) define correctamente las respuestas y bendice las decisiones. 

Los peregrinos le han reconocido en un momento justo, en el momento en que Él parte el Pan, aquello que ellos sencillamente le ofrecieron. 

Y es que, cuando Él caminaba con ellos, ellos sentían un ardor que procedía del corazón, ardor que es la conexión directa con aquel que nos Ama. 

Es parte de un proceso: el enfrentarse a situaciones que parecieran no tener salida y nos invitan a caminar, a buscar eso que buscamos, a veces sin tener idea de donde podremos encontrarlo.

También me da la impresión que El Señor no pretende ser reconocido desde un principio. Primero, quiere hacerse sentir profundamente; quiere hacer de su compañía algo especial: ser amigo, ser parte de mi caminar, de mi realidad, sin ostentar Señoríos; ser sencillo, mostrarse como un peregrino más, pero que educa, que ilumina y quiere ganarse mi confianza. Hasta en eso muestra el Señor su lado completamente HUMANO. 

Al caminar con la confianza que sólo Él inspira, los peregrinos le ofrecen hospedaje. Representa el corazón, mi corazón, que es el único refugio que le puedo ofrecer al Maestro que me ofrece constantemente su guía, sus palabras y obras de vida. 

Él no se hace de rogar, pues Ama mi humanidad y está deseoso de compartir al menos un espacio en mi corazón. Es entonces cuando sucede lo inesperado que al mismo tiempo es lo que he estado esperando, un signo bellísimo de parte de su inagotable sabiduría: como buen anfitrión, comparto lo que tengo con el invitado.

Los peregrinos compartieron el Pan, que es alimento. En mi caso representa vida, energía y por supuesto alimento.

En mi reflexión, el Pan representa la vida, mi vida, que es lo que tengo y puedo compartir con el Maestro.

Él toma el Pan, "aprecia compartir lo que le ofrezco que es mi vida misma". 

Bendice el Pan "signo y hecho del que doy testimonio como portador indigno de tantas bendiciones procedentes de la inagotable generosidad del Señor". 

Parte el Pan "signo de que mi vida ya nunca será la misma después de conocerle; invitación a compartir mi vida como lo hizo Él. Signo de que también, al aceptarle, se decide sacrificar algunas cositas que son parte de mi vida. Transformación, nuevo rumbo, pero siempre en sus manos".

Y les Dió el Pan "signo de que Él me propone la transformación, el cambio. 

Pero no toma mi libertad que es uno de sus principales principios de vida. 

Me retroalimenta y me devuelve en bendiciones la transformación que le he aceptado realizar en mi vida".

Y entonces desapareció de su vista, pero esto no quiere decir que se va dejándome solo, si no, que sabe que después de todo el proceso en que me ha acompañado (y yo he aceptado ser acompañado), es hora de que mis ojos, por mi cuenta, se habrán.

Porque uno de los objetivos de la presencia del Señor en mi vida es precisamente que yo pueda ser capaz de identificar el momento de realizar lo que tengo que realizar. 

Por que Él es un Dios que educa, que libera, que se enorgullece en los logros alcanzados por las capacidades de sus hijos, como lo hace cualquier padre en la tierra... Tan HUMANO... 

Y es entonces cuando llega el momento de levantarse e ir a decir que El Señor está vivo y que está entre nosotros. ¿Dónde? 

En mi caso, he seguido hasta hoy el llamado a servir en una tierra extranjera, lejana a todo aquello que conozco y que amo, pero seguro de que lo hago también por amor... 

Pero El Señor desea ser conocido en cada ambiente, lo que sea que hagamos, donde sea que vivamos. El Señor desea ser conocido ahí también, en mi propio corazón... 

Saludos, Amigos y Amigas, y ¡Feliz Semana!