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Esther es la de blusa de color amarillo (derecha)
Cuando una noche de desolación no encontraba respuesta a la palabra "Misión". ¿Qué quiere Dios de mí?
Encontré un pequeño libro (La Misión) que recibí del padre Vicente Turri (Italiano), en San Salvador, El Salvador. En ocasión de sus 50 años de vida sacerdotal, decidió escribir sus memorias y, en sus primeras, destacó ese “ímpetu evangelizador”, una reflexión de Monseñor Helder Cámara.
“Misión es partir, caminar, dejarlo todo, salir de sí mismo, quebrar la costra del egoísmo que nos encierra en nuestro Yo. Es parar de dar vueltas alrededor de nosotros mismos como si fuéramos el centro del mundo y de la vida. Es no dejarse enredar en los problemas del pequeño mundo al que pertenecemos: la humanidad es mayor. Misión es siempre partir, pero no devorar kilómetros. Y sobre todo es abrirse a los otros como hermanos, descubrirlos y encontrarse con ellos. Si para encontrarlos y amarlos es necesario atravesar los mares y volar a lo más alto de los cielos, entonces la misión es partir hasta los confines del mundo”.
Entonces misión es partir, es ser un eterno peregrino, siempre en camino... Es tan propio este lenguaje de Jesús y de sus primeros discípulos, debemos ir por los caminos a evangelizar donde no llega la palabra de Dios, a las personas que no creen en Cristo. Entonces debemos sentirnos misioneros y misioneras... Yo fui enviada desde mi Iglesia local y me siento colaboradora desde mi comunidad Parroquia, Diócesis... Fui enviada para traspasar no solo las fronteras físicas, sino también las del corazón. ¿Qué hace falta entonces para partir, para comenzar? El Señor nos pide que salgamos no obstante las dificultades: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura” (Mt. 16,15).